Si a los adultos no nos resulta fácil perder, más aún a los niños, que no entienden por qué no pueden salirse siempre con la suya. Conseguir que lo comprendan es...
Si a los adultos no nos resulta fácil perder, más aún a los niños, que no entienden por qué no pueden salirse siempre con la suya.
Conseguir que lo comprendan es un reto, pero si ponemos un poco de empeño en enseñarles a asumir que no siempre tienen que ganar, harán suya la máxima de “Lo importante es participar” y serán unos adultos más felices.
Los niños son siempre el centro de atención del entorno familiar (padres, abuelos, etc) y están acostumbrados a conseguir lo que quieren en cada momento. Cuando no lo logran, las pataletas y los berrinches les sirven para obligar a los adultos a ceder en sus exigencias. Lo mismo les pasa al perder frente a otros niños. Son capaces de pegar o destrozar el juguete con tal de que el resto se someta a sus deseos y él pueda decidir a qué se juega, con quién y, por supuesto, quién va a ganar.
No podemos pretender que los niños se tomen bien todas sus derrotas pero sí al menos que entiendan que no siempre pueden ganar o conseguir lo que quieren. Tenemos que contar con que nuestros comportamientos le sirven de ejemplo y por eso, cuando ganamos no podemos presumir en exceso de ello ni reírnos del oponente, y cuando perdemos tampoco sirve buscar excusas que justifiquen nuestra derrota.
Hay que inculcarles a los niños la imagen del contrario en el juego como un adversario que quiere lo mismo que ellos; jugar y, a ser posible, ganar, pero no tiene que verlos como enemigos con los que enfadarse o pelearse si el juego no termina como esperan. Para ello es importante reforzar sus actitudes positivas durante el juego, valorar su comportamiento aunque pierdan y apartarlos del juego si tienen actitudes antideportivas, hasta que comprendan que así no pueden participar junto a sus compañeros.
Si les enseñamos que cada juego tiene unas normas que deben ser respetadas por todos nos evitaremos las trampas que se esconden tras la excusa de “en mi casa se juega así” y les resultará más fácil asumirlas, porque las normas son iguales para todos.



