La necesidad de los Tres Reyes Magos

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Una de las características fundamentales de la sociedad occidental actual es el avance científico-tecnológico. Palabras que hasta hace muy poco tiempo ni existían, han pasado a...

La necesidad de los Tres Reyes Magos

Una de las características fundamentales de la sociedad occidental actual es el avance científico-tecnológico. Palabras que hasta hace muy poco tiempo ni existían, han pasado a popularizarse en la mayoría de familias convirtiendo los hogares en pequeños laboratorios de tecnología: twitter, myspace, facebook, ebooks, iPhone, blackBerry, etc.

Simultáneamente, otro tipo de discursos han perdido protagonismo e incluso se les denigra por anticuados o por no basarse en datos objetivos y medibles. Se trata de discursos basados en la palabra, en el simbolismo y en las tradiciones populares. De esta manera, asistimos a la decadencia de numerosos relatos imaginarios (leyendas, cuentos, mitos, etc.) que pueden tener importancia para el crecimiento del ser humano.

Porque el ser humano, y muy especialmente en la etapa infantil, necesita de mitos que den sentido a su existencia. Si se prioriza únicamente el pensamiento lógico-racional, se estará olvidando que el ser humano también está constituido por otros registros radicalmente necesarios para su evolución.

En este sentido, el arte, los sueños, los temores o las pasiones, por poner unos pocos ejemplos, quizá no sean muy medibles ni objetivables en términos científicos, pero son términos necesariamente vinculados a la experiencia humana.

La importancia de los mitos y del pensamiento simbólico en general, es transcendental para el crecimiento infantil. Si pretendemos despojar a nuestros hijos de “lo mitológico” les conduciremos a escenarios objetivos, racionales o tecnológicos, pero al mismo tiempo les alejaremos de otras experiencias vitales llenas de sentido.

Considerando de manera específica el tema de Los Tres Reyes Magos comprobamos que, desde el pensamiento que tiende a deconstruir lo mitológico porque no se sustenta en una base objetiva, científica, se discute por ejemplo si estos personajes eran filósofos o astrólogos, si  procedían de Persia o Babilonia, o se afirma que probablemente seguían algún cometa.

Desde la misma premisa “científica”, también se argumenta, desde algunos sectores sociales, que este relato es un engaño para los niños y que, en consecuencia, sería mejor no contárselo, no “mentirles”. Como si lo más sano para el crecimiento infantil fuera escuchar únicamente la “verdad” de la ciencia, esa que no contempla la necesidad de construir alegorías o metáforas que ayuden a representar los sentimientos y afectos.

De esta manera, se tiende a despreciar este mito, o a utilizarlo únicamente como motor para el consumo, como suele hacerse con otras tradiciones populares con fuerte carga simbólica.

Ante tanta deconstrucción sin sentido, yo prefiero pensar que eran magos, que seguían una estrella encantada, y que procedían del lejano Oriente. Prefiero seguir creyendo en un mito cargado de simbolismo y acompañado por un preciso ritual.

En cuanto a su capacidad simbólica, el relato de los Reyes Magos  incluye la potencia de la invisibilidad, la sorpresa, la ilusión y los regalos. Regalos vinculados directamente con “ser niño”, porque lo que se valora realmente es la infancia como tal. Y además, son regalos por los que habrá que esperar, demorar la consecución del deseo, porque si no se hace ese esfuerzo de demora,  la magia no tendrá lugar.

Y todo ello frente a lo efímero de tantos objetos de consumo que suelen alcanzar los niños sin tener que hacer ningún esfuerzo para conseguirlos, esos mismos objetos por los que será imposible sentir un verdadero apego.

En cuanto al ritual, incluye las acciones necesarias para que el ceremonial tenga sentido: escribir la carta, ir a la cabalgata, dejar el zapato en un lugar visible e irse a dormir temprano para que los magos puedan venir. Y los Reyes Magos efectivamente vendrán, a oscuras, en silencio, casi invisibles, transportando algún objeto definido más por su simbolismo y valor en la relación, que por su teórico valor de mercado.

Los Reyes Magos existen cada cinco de enero por nuestras palabras y actos. Y si siguen existiendo estará  garantizada su transmisión, lo que será importante para el desarrollo del pensamiento simbólico de nuestros hijos.

Hay pocas emociones comparables a este don. Nosotros haciendo un viaje por las sombras mientras los niños sueñan con los magos. Y su mirada al despertar. Sería lamentable que el silencio de los padres o su exceso de lógica, asesinaran a estos personajes imaginarios con enorme potencial para el crecimiento infantil.

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